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¿Para ser Misionero que tengo que hacer?

La Actividad Misionera es una actividad eclesial y comunitaria, no individual. Un misionero no es un “francotirador” que se lanza solo por el mundo a predicar la Buena Nueva.

Lo primero que hay que hacer es buscar una comunidad, donde puedas ir conociendo la Vocación Misionera y aprendiendo cómo se realiza esta “actividad Misionera”. Así irás adquiriendo los elementos para ser un buen misionero

Esta vocación misionera puedes vivirla como laico (todos los que no son sacerdotes ni religios@s), o como sacerdote o religios@.

a.- Grupos y Comunidades Misioneras para los laicos: Dependiendo de cuántos años tengas, podés encontrar una comunidad para integrarte en algunas de las siguientes:

Infancia y Adolescencia Misionera: Conforman grupos de niños (4 a 11 años), y de adolescentes (12 a 16 años), en los que se los forma y anima misioneramente y se les brinda la oportunidad de realizar un servicio misionero. Normalmente se conforman en Parroquias o Escuelas.

Jóvenes Misioneros: Como todos los bautizados, los jóvenes (18 a 25 años), también están llamados a ser misioneros. Algunos conforman grupos misioneros en los que se los forma y anima misioneramente y ellos asumen un compromiso concreto de servicio, cooperación y animación misionera. Pero este servicio de animación misionera, busca animar misioneramente a todos los jóvenes, estén o no, en grupos misioneros, formen parte de otros apostolados y/o movimientos, colegios, universidades, etc. En algunos países se llaman también Jóvenes Sin Fronteras o Juventud Sin Fronteras.

Grupos Misioneros – Laicos Misioneros: Son grupos de jóvenes y/o adultos, que realizan una actividad misionera concreta “más allá de las fronteras” de su parroquia y/o de su Iglesia Particular. Normalmente se conforman en Parroquias o dependientes de Congregaciones e Institutos Misioneros. (ver más información sobre Grupos Misioneros.

Familias Misioneras: Conforman grupos de matrimonios que procuran vivir en comunidad la vocación misionera de la familia y buscan realizar un servicio misionero concreto. Normalmente se conforman en Parroquias.

Enfermos y Ancianos Misioneros: También los enfermos y ancianos que están limitados por su enfermedad, pueden participar de la misión de la Iglesia mediante la cooperación Misionera. En varias Parroquias, existen servidores que animan a los enfermos y ancianos (visitandolos periódicamente), a orar y ofrecer sus sacrificios por las misiones y los misioneros.

Misioneros Parroquiales: Conforman equipos que se abocan a realizar actividad misionera permanente en su propia Parroquia, realizando el primer anuncio a los no cristianos y la nueva evangelización de los alejados que viven en la jurisdicción parroquial.

b.- Congregaciones e Institutos Misioneros (religiosos):

Para los que tienen vocación religiosa y quieren hacer un compromiso de por vida, existen las Congregaciones e Institutos Misioneros, que son comunidades de consagrados (sacerdotes, religiosos y religiosas) que dedican su vida completa a la actividad misionera.

c.- Centros o Institutos de Formación de Misioneros Ad Gentes:

Existen en muchas diócesis, Centros o Institutos que tienen la misión específica de capacitar y enviar misioneros laicos a territorios de misión. Sin embargo, suele ser conveniente antes de contactarse con estos centros, haber vivido una experiencia previa, en alguno de los grupos que se mencionaron previamente.

Misioneros aquí…. Misioneros allá…. Misioneros más allá de las fronteras…

Ahora bien. Teniendo una idea de cuál de estos perfiles te atrae más, tienes que encontrar dónde y cómo realizarla. Puedes ser misionero viviendo en tu propio país, en tu casa, y realizando experiencias temporales de actividad misionera específica, o de cooperación o animación misioneras. O también puedes sentir el llamado a ir “más allá de las fronteras”, a predicar a Jesucristo allí donde no es conocido….

Un misionero no es alguien que “es llamado” desde una tierra lejana para ir a misionar, sino alguien que ES ENVIADO por su propia Iglesia Particular.

No vas a encontrar un destino de misión a través de internet… Debes entrar en contacto con alguna comunidad (Parroquia o Congregación), preferentemente de tu diócesis para que puedas realizar una experiencia comunitaria, discernir tus motivaciones para la misión y formarte adecuadamente, para que sea TU IGLESIA PARTICULAR (diócesis), la que te envíe de misión.

Un misionero es alguien que tiene una motivación profunda y sincera para la misión.

El envío a la misión requiere un período (no breve), de formación y preparación.

Es preciso comprender que la misión es una tarea muy seria, porque implica nada menos que ¡anunciar a Jesucristo a los hombres! Y esta tarea no puede estar en manos de personas que no están debidamente preparadas o que lo hacen movido por otras intenciones que no sean las correctas…. Por eso se requieren estas condiciones para quien desee ser misionero.

Si piensas que tu vocación misionera es de este último tipo, primero que nada, debes saber que:

1.- Un misionero no es alguien que “es llamado”, desde una tierra lejana para ir a misionar, sino alguien que ES ENVIADO por su propia Iglesia Particular. Muchas personas se entusiasman con la misión (lo cual está muy bien. ¡Ojalá fueran muchos más!!), pero piensan que misionar consiste en “irse a otro país y otro continente si es posible”.

Entonces inician una búsqueda de “a dónde puedo ir”. Nuevamente: el misionero no es aquel que se lanza así nomás a una tierra lejana a predicar el Evangelio, sino que es enviado por su propia Iglesia Particular.

Por lo tanto, no vas a encontrar un destino de misión a través de internet, o por lo menos, no debería ser así en ningún tipo de experiencia seria de misión. Debes entrar en contacto con alguna comunidad (Parroquia o Congregación), preferentemente de tu diócesis o de tu país para que puedas realizar una experiencia comunitaria, discernir tus motivaciones para la misión y formarte adecuadamente, para que sea TU IGLESIA PARTICULAR (diócesis) la que te envíe de misión.

2.- Un misionero es alguien que tiene una motivación profunda y sincera para la misión. La motivación para la misión es el deseo sincero y ardiente de que Jesús sea conocido y amado por quienes no lo conocen, así como uno lo conoce y lo ama. Parte del proceso de preparación del misionero consiste en el discernimiento de las motivaciones y razones más profundas que mueven a la persona para la misión. Sin una motivación seria y sincera no hay vocación valedera.

Muchos (jóvenes sobre todo) sienten atracción por la misión, porque la ven como un “irse lejos”, traducido en un querer escaparse de la propia realidad, huir de problemas, heridas o desilusiones que la vida les ha causado. En este caso, la motivación principal no es “anunciar a Jesús” sino “solucionar un problema propio”, por lo que no existe una motivación sincera para la misión.

3.- El envío a la misión requiere un período (no breve) de formación y preparación. Normalmente, un proceso serio de envío misionero, se encauza desde la propia comunidad, mediante un seguimiento de por lo menos dos a tres años, en el cual se recibe formación misionera, se va forjando y consolidando la propia espiritualidad misionera, se recibe una orientación y acompañamiento tanto psicológico como estpiritual, se adquieren las capacidades necesarias mediante experiencias progresivas de misión y, luego que se han adquirido las aptitudes necesarias (motivación firme y por razones valederas, estabilidad emocional, capacidad de trabajo en comunidad, sólida formación y espiritualidad), recién entonces se procede al envío misionero.

Es preciso comprender que la misión es una tarea muy seria, porque implica nada menos que ¡anunciar a Jesucristo a los hombres! Y esta tarea no puede estar en manos de personas que no están debidamente preparadas o que lo hacen movido por otras intenciones que no sean las correctas…. Por eso se requieren estas condiciones para quien desee ser misionero.

4.- La Misión es un estilo de vida, no una actividad pasajera: La misión no es “algo que se hace”, sino un estilo de vida. Por ello, requiere del misionero una opción de vida. Esto quiere decir que, si has decidido ingresar a una congregación o instituto como sacerdote o religios@ has tomado una opción de vida.

Si, por otra parte, tu opción de vida es ser laico (no quieres ser sacerdote ni religios@), primero debes tener un proyecto de vida, dentro del cual estará la misión. Un proyecto de vida como laico, implica la decisión de formar (o no) una familia y de tener una profesión u oficio.

Esto quiere decir que no es que vas a terminar tus estudios secundarios (o como se llamen en tu país) y vas a “irte de misionero”, sino que la cosa es al revés: primero tienes que encaminar tu vida estudiando una carrera, o adquiriendo un oficio…. mientras tanto, te irás formando y viviendo la misión (si es que tu vocación es la misión “en tu propia tierra”), o preparando para un envío misionero a otra tierra (si es que es esa tu vocación).

¿Por dónde empiezo?

Primero que nada:

Discierne si quieres ser sacerdote, religios@ o laico (obviamente, esto no lo harás solo…. busca ayuda…)

Si piensas que tu camino es el sacerdocio o la vida religiosa, busca una comunidad, congregación o instituto misionero y ponte en contacto con ellos. Primero sería bueno que, si en tu diócesis hay alguna, converses con alguien de allí para que te oriente personalmente. Si no, busca en otras diócesis. Busca al final de esta página, en el mapa la página de tu país para ver qué congregaciones o institutos misioneros hay allí.

Si sientes que tu llamado es a ser laico (ni sacerdote, ni religios@), plantéate los siguientes interrogantes:

¿Quieres formar una familia, casarte y tener hijos?, si es así, pide a Dios que te ayude a encontrar a la persona que Él tiene pensada para tí, y que juntos puedan compartir este anhelo misionero.
Si no, también puedes hacer tu opción por una vida célibe, consagrada a Dios, pero en el mundo.

¿Cuál va a ser tu “lugar” en el mundo como laico?, como laico, tienes que encontrar “tu” manera de insertarte en la sociedad. Esto lo harás por medio de una profesión u oficio. Hoy en día es muy importante que todo laico se capacite y se forme para tener una profesión u oficio. Por ello, tienes que discernir a qué quieres dedicar tu vida, de qué vas a vivir, y abocarte a prepararte para ello: una carrera universitaria, estudios técnicos, formación para un oficio, conseguir un trabajo…

¿De qué manera vas a vivir la misión dentro de este proyecto de vida?, tienes que discernir a cuál de las maneras de vivir la misión te sientes llamado… Para ello, es bueno comenzar con experiencias “cercanas”.

La misión no se da de un día para el otro… algo así como que te surge la inquietud y al día siguiente te vas al África. Sino que requiere de todo un proceso de discernimiento, preparación y formación. Para ello, lo más conveniente para comenzar es:

Busca una comunidad o grupo misionero en tu diócesis y acércate. Comparte con esta comunidad su vida y su misión, y así irás descubriendo mejor tu vocación e irás experimentando lo que es la misión y preparándote y formándote. averigua en tu Parroquia, si en ella existe alguno de estos servicios, o si en tu diócesis hay alguna comunidad misionera. Si no, contáctate con las Obras Misionales Pontificias de tu diócesis o de tu país y allí encontrarás mejor asesoramiento para tu inquietud.

Si, iniciado este camino, sientes que el “irte a otra tierra” ( que es lo que comúnmente se llama misión ad gentes), es tu vocación, ponte en contacto con algún Centro de Formación Misionera Ad Gentes. para iniciar tu discernimiento vocacional. Para esto, ponte en contacto con la Dirección de Obras Misionales Pontificias de tu diócesis para averiguar dónde queda el Centro de Formación Misionera Ad Gentes más cercano a donde vives.

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